1 de noviembre
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Fiesta de Todos los Santos, D. Iª. cl. oct. Blanco
La Festividad de todos los Santos, la cual el Papa Bonifacio IV, después de consagrado el 13 de Mayo el templo Panteón, dispuso se celebrase cada año solemne y generalmente en toda Roma, en honor de la beatísima Virgen María Madre de Dios, y de los santos Mártires. Después Gregorio, asimismo IV, mandó que la misma fiesta, que se celebraba ya, aunque de diverso modo, en diferentes Iglesias, se solemnizase perpetuamente este mismo día en la Iglesia universal a honra de todos los Santos. Al comienzo del siglo VII, el santo Papa Bonifacio IV fue autorizado, por el emperador Focas, a cambiar el Panteón, erigido en honor de los falsos dioses a quienes los paganos festejaban juntamente, en iglesia que dedicó a la Santísima Virgen y a todos los mártires. Esta ceremonia tuvo lugar el 13 de mayo y su aniversario llegó a ser fiesta fija anual, que el Papa Gregorio IV transfirió al 1 de noviembre y extendió a todo el imperio, el año 835, durante el reinado de Luis el Bueno, convirtiéndola en fiesta de todos los santos.
En Persia, los santos Mártires Juan, Obispo, y Diego, Presbítero, en tiempo del Rey Sapor.
En Terracina de Campania, el triunfo de san Cesareo, Diácono, el cual, maltratado muchos días en la cárcel, y después metido con san Julián Presbítero en un saco, fue precipitado en el mar.
En Dijon, san Benigno, Presbítero, que fue enviado por san Policarpo a las Galias a predicar el Evangelio, y en tiempo del Emperador Marco Aurelio, después de atormentado con muchos y gravísimos suplicios, por orden del Juez Terencio, le quebrantaron por fin la cerviz con una barra de hierro, y le atravesaron el cuerpo con una lanza.
En Damasco, el suplicio de los santos Cesareo, Dacio y otros cinco.
El mismo día, santa María, esclava, la cual, acusada de Cristiana, en tiempo del Emperador Adriano, atormentada con crueles azotes, extendida en el potro y desgarrada con uñas aceradas, consumó el martirio.
En Tarso de Cilicia, las santas Cirenia y Juliana, Mártires imperando Maximiano.
En Auvernia de Francia, san Austremonio, que fue el primer Obispo de aquella ciudad.
En París, el tránsito de san Marcelo, Obispo.
En Bayeux de Francia, san Vigor, Obispo, en tiempo de Childeberto, Rey de los Francos.
En Anjou de Francia, el tránsito de san Licinio, Obispo, varón venerable por su santidad.
En Tívoli, san Severino, Monje.
En Lanchant, territorio de Gatinais, en Francia, san Maturino, Confesor.
