31:1 Dichoso el que está absuelto de su culpa, * a quien le han sepultado su pecado; 
31:2 Dichoso el hombre * a quien el Señor no le apunta el delito. 
31:3 Mientras callé se consumían mis huesos, * rugiendo todo el día, 
31:4 Porque día y noche tu mano pesaba sobre mí; * mi savia se había vuelto un fruto seco. 
31:5 Había pecado, lo reconocí, * no te encubrí mi delito; 
31:5 Propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», * y Tú perdonaste mi culpa y mi pecado. 
31:6 Por eso, que todo fiel te suplique * en el momento de la desgracia: 
31:6 La crecida de las aguas caudalosas * no lo alcanzará.
31:7 Tú eres mi refugio, me libras del peligro, * me rodeas de cantos de liberación. 
31:8 Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir, * fijaré en ti mis ojos. 
31:9 No seáis irracionales * como caballos y mulos, 
31:9 Cuyo brío hay que domar con freno y brida; * si no, no puedes acercarte. 
31:10 Los malvados sufren muchas penas; * al que confía en el Señor, la misericordia lo rodea. 
31:11 Alegraos, justos, y gozad con el Señor; * aclamadlo, los de corazón sincero.
