35:2 El malvado escucha en su interior un oráculo del pecado: * «No tengo miedo a Dios, ni en su presencia». 
35:3 Porque se hace la ilusión de que su culpa * no será descubierta ni aborrecida. 
35:4 Las palabras de su boca son maldad y traición, * renuncia a ser sensato y a obrar bien; 
35:5 Acostado medita el crimen, * se obstina en el mal camino, no rechaza la maldad.
35:6 Señor, tu misericordia llega al cielo, * tu fidelidad hasta las nubes; 
35:7 Tu justicia, hasta las altas cordilleras; * tus sentencias son como el océano inmenso. 
35:7 Tú socorres a hombres y animales; * ¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!;
35:8 Los humanos * se acogen a la sombra de tus alas; 
35:9 Se nutren de lo sabroso de tu casa, * les das a beber del torrente de tus delicias, 
35:10 Porque en ti está la fuente viva, * y tu luz nos hace ver la luz. 
35:11 Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, * tu justicia con los rectos de corazón; 
35:12 Que no me pisotee el pie del soberbio, * que no me eche fuera la mano del malvado. 
35:13 Han fracasado los malhechores; * derribados, no se pueden levantar.
