40:2 Dichoso el que cuida del pobre y desvalido; * en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor. 
40:3 El Señor lo guarda y lo conserva en vida, para que sea dichoso en la tierra,  * y no lo entrega a la saña de sus enemigos. 
40:4 El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor, * calmará los dolores de su enfermedad. 
40:5 Yo dije: «Señor, ten misericordia, * sáname, porque he pecado contra ti». 
40:6 Mis enemigos me desean lo peor: * «a ver si se muere y se acaba su apellido». 
40:7 El que viene a verme habla con fingimiento, * disimula su mala intención,  
40:7 Y cuando sale afuera, * la dice. 
40:8 Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí, * hacen cálculos siniestros: 
40:9 «Padece un mal sin remedio, * se acostó para no levantarse». 
40:10 Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba, * que compartía mi pan, es el primero en traicionarme. 
40:11 Pero Tú, Señor, apiádate de mí, haz que pueda levantarme, * para que yo les dé su merecido. 
40:12 En esto conozco que me amas: * en que mi enemigo no triunfa de mí. 
40:13 A mí, en cambio, me conservas la salud, * me mantienes siempre en tu presencia. 
40:14 Bendito el Señor, Dios de Israel, ahora y por siempre. * Amén, amén.
