83:2 ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos! * Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, 
83:3 Mi corazón y mi carne * retozan por el Dios vivo.
83:4 Hasta el gorrión ha encontrado una casa; * la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: 
83:4 Tus altares, Señor de los ejércitos, * Rey mío y Dios mío.
83:5 Dichosos los que viven en tu casa, * alabándote siempre. 
83:6 Dichosos los que encuentran en ti su fuerza * al preparar su peregrinación: cuando atraviesan áridos valles, los convierten en oasis, 
83:8 Como si la lluvia temprana los cubriera de bendiciones; caminan de baluarte en baluarte * hasta ver a Dios en Sión.
83:9 Señor de los ejércitos, escucha mi súplica; * atiéndeme, Dios de Jacob. 
83:10 Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo, * mira el rostro de tu Ungido.
83:11 Vale más un día en tus atrios * que mil en mi casa, 
83:11 Y prefiero el umbral de la casa de Dios * a vivir con los malvados.
83:12 Porque el Señor es sol y escudo, * Él da la gracia y la gloria; 
83:13 El Señor no niega sus bienes a los de conducta intachable. * ¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre que confía en ti!
