01-04# Del Prólogo de San Benito, Nuestro Padre, a su Regla.
_
Ceñido, pues, de fe y buenas obras nuestro espíritu, vamos siguiendo su camino según la dirección del Evangelio, para que merezcamos ver en su reino al mismo que nos ha llamado. Mas si queremos morar en su palacio real, hemos de saber que no se llega a él sino corriendo con pasos de virtud. Pero preguntémoslo al Señor, diciéndole con David: «¿Quién habitará, Señor, en tu palacio, y quién tendrá en tu santo monte descanso eterno?». Oigamos ahora, hermanos, lo que el Señor responde a esta pregunta, y cómo nos muestra el camino a esta casa: «El que tiene vida inculpable y obra bien, el que habla verdad con su sincero corazón, el que en sus palabras no tiene dolo, el que no hace mal a su prójimo, el que no da oídos a calumnias de su hermano». El que expeliendo al diablo de la presencia de su alma cuando le incita a algún mal, lo disipa con su misma sugestión, y cogiendo, al asomar, el pensamiento, lo estrella y deshace contra la piedra de Cristo. Los que temiendo a Dios, no se envanecen por su buen obrar; antes, sabiendo que por sí no pueden hacer cosa buena, y que lo bueno que tienen es efecto de la gracia, engrandecen al Señor que en ellos obra, diciendo con el Salmista: «No sea, Señor, para nosotros, sino para ti sólo la gloria». Al modo que San Pablo no se atribuyó a sí mismo los frutos de su trabajo, pues dijo: «Por gracia de Dios soy lo que soy», y otra vez: «Gloríese en el Señor, el que se gloría de algo».
