01-22# De la Regla de Nuestro Padre San Benito. Capítulo 5: De la obediencia
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El principal escalón de la humildad es la obediencia veloz, que es propia de aquellos que sobre todo lo criado aman a Cristo. Pues en atención al santo servicio que prometieron por temor de la pena o por deseo de la gloria, apenas oyen el imperio del Abad, cuando obedecen con tanta prontitud como si se lo mandara el mismo Dios. De estos dijo él: «No bien percibió mi voz, me obedeció», y de los superiores dijo también: «El que a vosotros obedece, me obedece a mí». Estos, pues, dejando al punto lo que están haciendo, abandonando su propia voluntad, levantando la mano de la obra y dejándola sin acabar, con los ligeros pies de la obediencia acompañan ejecutivos la voz del que les manda; y por la velocidad que da el temor filial de Dios coexisten como en un punto, en los que desean caminar al cielo, el imperio del Maestro y la obra ya ejecutada del discípulo. Por ese motivo emprenden el camino angosto, del cual dijo Cristo: «Angosto es el camino que guía al cielo», pues negándose a su libertad, inclinación y gusto, y sometiéndose al imperio y dirección de otro, en el retiro del convento, desean que los gobierne un Prelado. Estos practican sin duda aquel ejemplo del Señor, que dijo: «No he venido yo a hacer mi voluntad, sino el del Padre que me ha enviado».
