01-24# De la Regla de Nuestro Padre San Benito. Capítulo 6: Del silencio 
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Hagamos lo que dice el Salmista: «Resolví observar mi vida por no pecar con mi lengua, puse a mi boca un candado de silencio; híceme mundo, me humillé y me privé de hablar aun de lo bueno». Aquí nos dice el Profeta que, si tal vez debemos abstenernos de conversaciones santas en atención al silencio, ¿cuánto más debemos evitar las viciosas por evadir la pena del pecado? Rara vez, pues, se permita a los perfectos discípulos hablar aun de cosas santas y edificativas por respeto al silencio, porque está escrito: «No escapará de algún desliz el que habla mucho», y en otra parte: «En poder de la lengua están la muerte y la vida». Al maestro toca hablar e instruir; y al discípulo conviene oír y callar. Si se hubiere de tratar algo con el Superior, háblese con toda sumisión, modestia y humildad. Las bufonadas, palabras inútiles y burlescas, que causan risa, quedan condenadas en todo lugar a eterna clausura; y no permitimos que para tales chocarrerías abra el discípulo la boca.
