01-25# De la Regla de Nuestro Padre San Benito. Capítulo 7: De la humildad
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La divina Escritura, hermanos, nos dice a voces: «Todo hombre que se exalta será abatido; y el que se abate a sí, será exaltado». En esto que dice da a entender que todo engreimiento es linaje de soberbia, de la cual manifiesta que el Profeta se guardaba, diciendo: «No se ha engreído, Señor, mi corazón, ni han mirado mis ojos con altivez, ni pensé en cosas magníficas ni en las que son demasiado altas sobre mí». ¿Pues qué? «Si no conocí mi bajeza, si me estimé sobre lo que debía, tratadme como al infante a quien su misma madre niega la leche». 

Y así, hermanos, si deseamos subir a la cumbre de la perfecta humildad y llegar velozmente a aquella celestial exaltación a la que se asciende por el abatimiento en esta vida, hemos de armar -elevando nuestras obras- aquella mística escala que vio en el sueño Jacob, por la cual se le mostró que bajaban y subían ángeles a la Corte celestial. No entendemos ciertamente otra cosa en aquel bajar y subir, sino que se baja por la exaltación y se sube por la humildad. La escala empinada representa nuestra presente vida, que se remonta hasta el cielo, si se zanja sobre un corazón abatido. Los costados de esta escala decimos ser nuestro cuerpo y alma, en que la vocación divina ha ajustado diversos escalones de doctrina y humildad, por donde debemos subir.
