03-15# De la Regla de Nuestro Padre San Benito. Capítulo 36: De los monjes enfermos
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Ante todo se ha de cuidar de los enfermos con tanto desvelo como si sirviesen a la persona de Cristo, pues él dijo: «Enfermo estuve y me visitásteis», y «el bien que hicísteis a un niño mío, haced cuenta que conmigo lo habéis hecho». Pero consideren los enfermos que se les sirve en obsequio de Dios, y no contristen a sus hermanos sirvientes; si bien deben estos ser sobrellevados con paciencia, porque así se adquiere mayor corona. Tenga el Abad sumo cuidado de que nada padezcan por descuido. Haya para los monjes enfermos un aposento separado y un enfermero temeroso de Dios, diligente y solícito. Siempre que convenga se ofrecerán baños a los enfermos, pero concédanse rara vez a los sanos, y en especial si son mozos. Dése alimento de carne a los enfermos y a los muy debilitados para que se recobren, pero después de convalecencia se abstendrán todos de ello como se acostumbra. Tenga sumo cuidado el Abad de que los mayordomos y sirvientes no descuiden de los enfermos, porque a él se han de imputar las faltas de sus ministros.
