03-17# De la Regla de Nuestro Padre San Benito. Capítulo  38: Del lector semanero 
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Mientras comen los monjes a la mesa, no debe faltar lectura. No se meta a leer allí el que casualmente cogiere el libro; mas comience el domingo el que hubiere de leer toda la semana. Este pedirá a todos los monjes después de la misa y comunión que rueguen a Dios por él para que le desvíe del espíritu de vanidad, y diráse conventualmente en el coro, comenzando él, este verso: «Domine, labia mea aperies, et os meum annunciabit laudem tuam», y recibida la bendición así, entrará a servir el oficio de lector. Ministren los servidores mutuamente a los que están comiendo y bebiendo cuanto sea necesario, con tal diligencia que nadie necesite pedir nada; y si algo se echare de menos, pídase con un golpecito o por seña, y no de palabra. Nadie se atreva a cuestionar allí sobre la lectura ni sobre otro punto, porque no haya motivo de violar el silencia, menos que quiera decir alguna cosa de edificación el Prior. El lector semanero tomará una sopa en vino antes de leer, así por respeto a la santa comunión como porque no le sea muy molesto el aguantar tanto ayuno; y comerá después con los servidores de refectorio. No lean ni canten por turno los monjes, sino los que pueden edificar a los oyentes. 
