04-21# Del capítulo 64 de  la Regla de Nuestro Padre San Benito: De la elección de Abad
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Piense siempre el Abad elegido la carga que toma sobre sí, y a quién ha de dar cuenta de su administración, y sepa que más le importa aprovechar a otros que regir. Conviene, pues, que sea versado en la Santa Escritura, para que sepa y tenga de donde sacar nueva doctrina; sea íntegro, parco, piadoso y sobreponga la piedad al castigo, para que él logre otro tanto. Aborrezca las culpas y ame a las personas. Pórtese con prudencia en el castigo, de suerte que no haya exceso, porque acaso la vasija no se quiebre si quiere apurar el sarro. Tenga siempre a la vista la propia flaqueza y procure que no acabe de romperse la caña hendida. No por eso decimos que permita se críen vicios, antes bien, que los arrase con prudencia y caridad, como ya queda avisado, según viere convenir a cada uno; y que procure ser más amado que temido. No sea revoltoso ni encogido; no sea nimio ni temeroso; no sea caviloso ni muy suspicaz, porque nunca tendrá quietud. Sea próvido y detenido en sus resoluciones, así en lo tocante a Dios como a cosas temporales. Discierna y modere con prudencia las labores que ordenadore, imitando la del Santo Jacob, que dijo: «Si yo hiciere que se fatiguen mis reses en la marcha, morirán todas en un día». Tomando, pues, éste y otros ejemplos de discreción, que es madre de las virtudes, ordene las tareas de suerte que las deseen los robustos y no las rehúsen los delicados. Sobre todo se le encarga que cuida de conservar en todo esta Regla, para que, sirviendo fielmente, oiga del Señor lo que aquel buen criado que distribuyó a tiempo entre sus consiervos el trigo: «De verdad os aseguro que le hará dispensador de cuanto tiene».
