[Lectio1]
Del Libro de Tobías. 
!Tob 12:1-4
1 Llamo Tobías aparte a su hijo y díjole: ¿Qué podemos dar a ese varón santo que te ha acompañado? 
2 A lo que respondiendo Tobías, dijo a su padre: Padre mío: ¿qué recompensa le daremos? ¿O cómo podremos corresponder dignamente a sus beneficios? 
3 Él me ha llevado y traído; él mismo cobró el dinero de Gabelo; él me ha proporcionado esposa, y ahuyentó de ella el demonio, llenando de consuelo a sus padres; asimismo me libró del pez que me iba a tragar; te ha hecho ver a ti la luz del cielo, y hemos sido colmados por medio de él de toda suerte de bienes. ¿Qué cosa podremos, pues, darle que sea proporcionada a tantos favores como nos ha dispensado? 
4 Mas yo te pido, padre mío, que le ruegues si por ventura se dignará tomar para sí la mitad de todo lo que hemos traído.

[Lectio2]
!Tob 12:5-10
5 Y, llamando al ángel, le dijo: “Toma la mitad de todo lo que habéis traído y vete en paz.” 
6 Entonces el ángel, llamando a los dos aparte, les dijo: “Bendecid a Dios y glorificadle; ensalzadle, pregonad a todos los vivientes lo que ha hecho con vosotros, pues bueno es bendecir a Dios y ensalzar su nombre, pregonando sus obras. No os canséis de confesarle. 
7 Bueno es guardar el secreto del rey, pero glorioso pregonar las obras de Dios.  
8 Habéis hecho el bien y nada malo os pasará. Buena es la oración con el ayuno, y la limosna con la justicia. 
9 Mejor es poco en justicia que mucho en iniquidad. Mejor es dar limosna que acumular tesoros, pues la limosna libra de la muerte y limpia de todo pecado. 
10 Los que practican la misericordia y la justicia serán repletos de vida, mientras que los pecadores son enemigos de su propia dicha.”

[Lectio3]
!Tob 12:11-17
11 Nada os quiero ocultar. Ya os lo he dicho: bueno es guardar los secretos del rey, pero es glorioso revelar las obras de Dios. 
12 Cuando orabais tú y tu nuera, Sara, yo presentaba ante el Santo el memorial de vuestras oraciones. Cuando enterrabas a los muertos, también yo te asistía. 
Cuando sin pereza te levantabas y dejabas de comer para ir a sepultarlos, no se me ocultaba esa buena obra, antes contigo estaba yo. 
13 Por eso me envió Dios a curarte a ti y a Sara, tu nuera. 
15 Yo soy Rafael, uno de los siete santos ángeles que presentamos las oraciones de los justos 
16 y tienen entrada ante la majestad del Santo. Los dos se quedaron turbados, y cayeron sobre su rostro, llenos de temor. 
17 El les dijo: “No temáis; la paz sea con vosotros”.
