[Lectio1]
Del Libro segundo de los Macabeos. 
!2 Mac 3:1-4
1 Hallándose la ciudad en completa paz, observándose exactamente las leyes, por la piedad del sumo sacerdote Onías y su odio a toda maldad, 
2 sucedía que hasta los mismos reyes honraban el santuario y lo enriquecían con magníficos dones. 
3 Y así, Seleuco, rey de Asia, concedió de sus propias rentas todas las expensas necesarias para el servicio de los sacrificios. 
4 Pero un cierto Simón, de la tribu de Benjamín, constituido inspector del templo, se enemistó con el sumo sacerdote con motivo de la fiscalización del mercado de la ciudad.

[Lectio2]
!2 Mac 3:5-8
5 No pudiendo vencer la resistencia de Onías, se fue a Apolonio de Tarso, que por aquel tiempo era general de la Celesiria y la Fenicia, 
6 y le hizo saber cómo el tesoro de Jerusalén estaba lleno de riquezas indecibles, y que la cantidad de oro que allí había era incalculable y no se destinaba al sostenimiento de los sacrificios, pudiendo el rey apoderarse de ello. 
7 Apolonio se fue luego a ver al rey y le dio cuenta de los tesoros referidos. Este eligió a Heliodoro, su ministro de Hacienda, a quien envió con órdenes de apoderarse de las riquezas. 
8 En seguida se puso en viaje Heliodoro, con el pretexto de visitar las ciudades de Celesiria y Fenicia, pero en realidad para ejecutar el propósito del rey.

[Lectio3]
!2 Mac 3:9-12
9 Llegado a Jerusalén, fue recibido cordialmente por la ciudad y el sumo sacerdote, a quien dio luego cuenta de lo que le había sido comunicado y del motivo de su venida, preguntando si lo que se les había dicho se ajustaba a la realidad. 
10 El sumo sacerdote le hizo ver que se trataba de depósitos de viudas y huérfanos 
11 y de una cantidad que pertenecía a Hircano, hijo de Tobías, hombre de muy noble condición, contra lo que calumniosamente había denunciado el impío Simón; y que, en fin, la suma de todo el dinero era de cuatrocientos talentos de plata y doscientos de oro, 
12 siendo del todo imposible cometer tal injusticia contra los que habían confiado en la santidad del lugar y en la majestad del templo, honrado en toda la tierra.
