[Officium]
S. Mariæ Magdalenæ Pœnitentis

[Oratio]
Te suplicamos, Señor, nos ayuden las oraciones de santa María Magdalena, por cuyos ruegos sacaste vivo del sepulcro a su hermano Lázaro, después de cuatro días de enterrado:
$Qui vivis

[Lectio]
!Cant 3:2-5; 8:6-7
Me levantaré y daré vueltas a la ciudad por calles y plazas; buscaré a quien ama mi corazón. Lo he buscado, mas no lo he hallado. Han topado conmigo los centinelas que hacen la ronda de la ciudad. ¿No habéis visto al amado de mi corazón? Apenas los habia pasado, me encontré al que mi corazón ama. He asido de él y no lo soltaré hasta haberle hecho entrar en la casa de mi madre y en la alcoba de la que me dio a luz. Os conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas y los ciervos de los campos, que no despertéis ni desveléis a mi amada, hasta que ella quiera. Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo; porque el amor es fuerte como la muerte, su ardor, insaciable como el sheol sus dardos son dardos de fuego y sus llamas, llamas divinas. Las aguas caudalosas no podrían extinguir el amor, ni los ríos arrebatarlo. Quien quisiera comprarlo al precio de todos sus bienes, no merecería otra cosa más que desprecio.

[Graduale]
!Salm. 44:8
Has amado la justicia y odiado la iniquidad. 
V. Y Dios, el Dios tuyo, te ha ungido con óleo de alegría.
Aleluya, Aleluya.
!Salm. 44:3
Difundida se halla la gracia en tus labios; por eso te ha bendecido Dios para siempre, por los siglos de los siglos. Aleluya.

[Evangelium]
Continuación del ++ santo Evangelio Según San Lucas.
!Luc 7:36-50
En aquel tiempo: Un fariseo rogaba a Jesús que fuese a comer con él. Y habiendo entrado en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Y una mujer conocida en la ciudad como pecadora, cuando supo que había venido a comer a casa del fariseo, trajo un vaso de alabastro, lleno de ungüento, y arrimándose por detrás a sus pies, comenzó a regarlos con lágrimas; y los enjugaba con sus propios cabellos. y los besaba y derramaba sobre ellos el ungüento. Cuando esto vio el fariseo que le había convidado, dijo entre sí: Si este hombre fuera profeta, bien conocería quién y qué tal mujer es ésta que le toca; porque es pecadora. Y respondiendo Jesús, le dijo: Simón, quiero decirte una cosa. Él respondió: Maestro, dila. Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta. Mas, no teniendo con qué pagarle, perdonó la deuda a entrambos. Pues ¿cuál de los dos le amará más? Respondió Simón: Opino que aquél a quien más perdonó. Jesús le dijo: Muy bien pensado. Y volviéndose a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para lavar los pies; más ésta, con sus lágrimas, ha bañado mis pies y los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el ósculo; pero ésta, desde que entró, no ha cesado de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza con óleo; más ésta ha derramado sus perfumes sobre mis pies. Por lo cual te digo: Le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho. Pues al que menos se perdona, menos ama. Luego dijo a la mujer: ¡Perdonados te son tus pecados! Y los convidados, comenzaron a decir interiormente: ¿Quién es éste, que también los pecados perdonan? Mas dijo a la mujer: ¡Tu fe te ha salvado; vete en paz!

[Secreta]
Te suplicamos, Señor, que te sean gratas nuestras ofrendas por los gloriosos méritos de santa María Magdalena, de la que tu hijo unigénito aceptó bondadoso el obsequio de su generosa ofrenda: 
$Qui tecum

[Postcommunio]
Habiendo recibido el único remedio de salvación, tu cuerpo y sangre preciosos, podamos, Señor, por el patrocinio de santa María Magdalena, vemos libres de todos los males.
$Qui vivis
